Identificación y prevención
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Josep Pla en su Cuaderno Gris dijo que “el otoño es el tiempo más agradable de este país”. A parte de esta opinión, que podemos compartir de manera más o menos favorable, no hay duda que es la época del año en que empieza a oscurecer antes y en la naturaleza el paisaje cambia de color.

Asimismo, para nosotras el otoño es tiempo de nuevos proyectos y de actualizar conocimientos. Este año hemos asistido al curso El Plan de Conservación Preventiva en los equipamientos museísticos, organizado por los conservadores restauradores asociados de Catalunya, CRAC, con la colaboración del Museu Nacional d’Art de Catalunya y del Instituto del Patrimonio Cultural de España, IPCE.

Por lo que se refiere al contenido de este curso, se basó en la aplicación de un método de trabajo interdisciplinario que tiene como principal objetivo la detección de los daños que pueden afectar a los bienes culturales provenientes del entorno en el que se encuentran y también, la elaboración de protocolos que ayuden a evitar estos daños. Llevar este conocimiento teórico a la práctica no es fácil, ¡pero si posible!

En este sentido, un factor de riesgo que es necesario tener en cuenta cuando se habla de materiales textiles es la iluminación. En los tejidos los efectos de la luz, tanto la visible como la invisible – UV-, son acumulativos e irreversibles y la alteración más visible que se le puede atribuir es el descolorimiento.

Un buen ejemplo de esto lo encontramos en el Bordado de la Creación de la Catedral de Girona. Se trata de una obra excepcional, única en el mundo y a la vez enigmática, de finales del siglo XI principios del XII. Hace unos años tuvimos la suerte de restaurarla -intervención que se llevó a cabo en el CRBMC -, momento en que se descubrió la riqueza cromática que esta obra esconde en su cara posterior. Pues, por la cara principal los colores han perdido todo su esplendor y la tonalidad general verdea, por la naturaleza de las materias tintóreas y obviamente por la luz.

Cabe decir, que de entre todos los colores de los hilos del bordado el más sorprendente fue un rojo violeta, al cual dimos el sobrenombre de púrpura, el color imperial por excelencia, símbolo de lujo y de poder, porque seguramente es el color que se quería representar. Gracias a los análisis de las materias tintóreas, sabemos que no se trata de la verdadera púrpura de origen animal sino de la Madera de “Brasil”, Caesalpinia sappan L., de origen vegetal, conocida por su extrema sensibilidad a la acción de la luz. Así pues, identificar este tinte fue muy importante para establecer las medidas preventivas del sistema expositivo de la obra.

En definitiva, tal y como puso de manifiesto el curso en cuestión, la conservación preventiva es fundamental para retrasar el envejecimiento natural de las obras, donde los conservadores-restauradores tenemos mucho que decir.

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