Los tres de Oriente
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Un anciano de barba blanca, arrodillado; un adulto de pelo castaño, desbarbado, con un gesto de sorpresa y un joven de piel negra, erguido, que conocemos con el nombre de Melchor, de Gaspar y de Baltasar, respectivamente, son algunos de los protagonistas más fantásticos, mágicos, exóticos y casi imprescindibles de los belenes. Sin ir más lejos, también forman parte de una larga tradición muy popular.

Este es el caso de unas figuras de pequeño formato (26 x 13 x 14 cm aproximadamente), llamadas “de vestir”, de finales del siglo XVIII. Precisamos, de pasada, que estas figuras, juntamente con otras muy dispares, comparten la escenificación de un pesebre, el cual fue montado dentro de una vitrina, es decir, dentro de un mueble de categoría que, además, lo protegía y siguiendo una costumbre popular, permitía visitarlo en alguna casa acomodada durante todo el año, cosa que podemos seguir haciendo en el Museu Etnològic de Barcelona donde actualmente se conserva.

Las figuras de este trío misterioso, ya que no tenemos constancia de su autoría, son objetos artísticos que se caracterizan por la infinidad de materiales que los componen, por ejemplo, plomo policromado para la cabeza, las manos y los antebrazos; madera para las piernas, los pies, los brazos y la base; papel parcialmente enyesado para el cuerpo; alambre para mantener la estructura y, finalmente, tejidos de seda para los vestidos, los cuales iban pegados a los cuerpos y entre ellos con una especie de cera vegetal. De hecho, las ropas solo visten las partes que se ven y, de igual modo, están convenientemente adornadas con suntuosas pasamanerías, perlas de nácar y de cristal, y también con hojas metálicas, recortadas con formas caprichosas y barnizadas de colores.

Sin embargo, lo cierto es que todos los materiales presentaban un estado de conservación pésimo, incluso el poder adhesivo de la cera había desaparecido. Por otro lado, las figuras habían perdido la corona y el presente, excepto Baltasar. Pero, como es habitual, los tejidos eran los que más llamaban la atención. Todo hacía pensar que el desuso y el posterior abandono fueron las causas principales de la degradación de este conjunto tan frágil como precioso. En definitiva, la aplicación de una restauración era su única salvación.

Centrándonos en los materiales textiles, la intervención de restauración se inició con la eliminación del polvo que, a lo largo de los años y sin tregua, se había depositado sobre las telas. Como sabemos, el polvo es uno de los agentes más degradantes, ya que, entre otros, causa abrasiones, acidez y alteraciones en los hilos metálicos. Así pues, la suciedad se retiró mediante una micro-aspiración. Para ello, a la manguera del aparato se adaptó una boquilla de cristal, con la boca pulida y de diámetro pequeño, de manera que permitía aspirar el polvo de forma controlada, sin hacer polvareda ni fricciones en las telas. La intervención prosiguió con un tratamiento de limpieza en medio acuoso y en plano, sobre la mesa de trabajo. A continuación, le tocó el turno a la fase de corrección de las deformaciones, o lo que es lo mismo, a la alineación de los hilos y, seguidamente, la consolidación, sobre batistas de algodón, teñidas del color de la zona a tratar y con puntos de costura específicos, con el objetivo de recuperar la estabilidad y la legibilidad de los tejidos. Igualmente, las partes más degradadas se protegieron con un velo de seda. Por último, la presentación en tres dimensiones que se realizó con puntos de fijación, nuevamente sirviéndonos de hilo y aguja, en substitución del adhesivo original.

Para acabar, solo nos queda desear salud, felicidad y una vida digna para todo el mundo.

¡Muy Felices Fiestas y que los Reyes Magos de Oriente vengan cargados de buenos proyectos!

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