Seáis todos bienvenidos a nuestro blog que iniciamos a la vuelta de las vacaciones
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Hace ahora unas semanas cayó en nuestras manos un interesante artículo titulado “LE VOYAGE DES OEUVRES, TOUT UN ART”, escrito por Andrew Dickson el pasado mes de mayo en el magazín francés Courrier international  -traducido del The Guardian-,  el cual nos revela de forma muy detallada  el coste humano y económico que conlleva el movimiento de obras de arte, actualmente inconmensurable, que transitan por el mundo con motivo de su exposición.

De hecho, cuando una obra viaja se pone en marcha una cadena logística en la que los acompañantes, normalmente los conservadores – restauradores, somos un eslabón muy importante.

Acarrear papeles de condition report, supervisar los materiales que están en contacto con las obras de arte, controlar como se manipulan, no perder el avión o cualquier otro medio de transporte, entre otros, además de encomendarnos a los santos para que todo salga según lo previsto, forma parte de lo que se llama hacer de correo.

El reportaje nos ha hecho pensar en como ha cambiado la forma de viajar, no solamente la de las personas sino también la de las obras y de qué modo nuestro trabajo diario en ocasiones se diversifica con otras tareas. En esencia, hacer de correo es un trabajo muy interesante pero diferente del de restaurar las obras y en particular las textiles, que son nuestra competencia,  con una responsabilidad igual o mayor que ésta.

El artículo nos explica que las macro exposiciones itinerantes a nivel mundial no son un nuevo fenómeno, sino que viene de los años 60 del siglo XX. Saber que la Gioconda se expuso en la National Galery of Art de Washington en 1963 gracias a los dotes de persuasión que demostró Jackie Kennedy hacia el ministro de cultura francés de la época, no deja de sorprendernos. Aunque se tomaron medidas de seguridad sin precedentes, surgió algún contratiempo.

Ahora “nos sonreímos” al pensar como se transportaban algunas piezas hace años, eran épocas de camiones en los que las obras de arte no sufrían vibraciones sino saltos de altura, de utilizar envoltorios sin tener en cuenta los materiales  y de cajas sin ninguna sofisticación. Nosotros también íbamos en coche sin abrocharnos el cinturón… . Es cierto que en pocos años se ha mejorado muchísimo.

Sólo nos queda desearos Bon Voyage de vuelta, que tengáis tiempo de encontrar el artículo y de leerlo y para los que todavía estáis de vacaciones, si vais a visitar alguna exposición, donde sea, disfrutad de las obras de arte en lugar de fijaros en el sistema expositivo, en las condiciones ambientales o en el estado de los edificios.

Eso significa que hemos desconectado, ¿complicado, no?

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